UN CASO DE LUJURIA SEGUNDA PARTE

Tema en 'Relatos Eróticos' iniciado por florecitauno, 17 de Julio de 2015.

  1. florecitauno

    florecitauno Bananero iniciado

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    UN CASO DE PRIAPISMO

    Esa noche jugaban América de Cali, y el Atlético Nacional en el Pascual Guerrero de la Ciudad de Cali, el partido era trasmitido por la televisión Colombiana.
    Decidimos ver el partido, y escogimos un bar que quedaba en la zona rosa de esa época, que era alrededor del parque de la Martina.

    Nos ubicamos, y mi compadre Alvaro llamó a una de sus novias, y le pidió que trajera una amiga para que me acompañara.
    A las nueve llegaron las dos “viejas”, la amiga de Alvaro era una negra bellísima de ojos claros, de gran culo y enormes tetas, y venía acompañada de una flaquita, de piel blanca, algo pálida, pero con culo pequeño, firme y apretado. Vestía una transparente blusa strapless roja, en donde visiblemente se le notaba los pezones de sus grandes y alargadas tetas, como dos papayas; también lucía una falda azulita de jean, tan cortica que desde que se sentó, empecé a pillarle la punta de sus calzones rojos. Tenía unas lindas y torneadas piernas.
    El partido se estaba jugando y desarrollando normalmente, mientras tanto seguíamos bebiendo y compartiendo.
    Yo no dejaba de mirar esa agraciada flaquita, y no apartaba mis ojos ni de sus grandes tetas, ni del borde de su corta falda donde asomaba su calzoncito rojo

    Usando cualquier pretexto le presté la camioneta a mi compadre, y me ausenté a dar una vuelta, lógico, con mi nueva acompañante.

    Sin tanto preámbulo le pedí follar.
    La llevé a una residencia de mala muerte que estaba cerca, detrás de la plaza de mercado.
    El lugar era regular, y era bastante frecuentado por parejas, para echar sus polvos de rapidez.
    Entramos a una pieza alumbrada por un amarillento bombillo, en donde sobresalía una cama a medio tender. No me importó, como tampoco me importó el olor a coño, que emanaba aquella habitación.
    Al igual que con la anterior hembrita, mi pene estaba totalmente engarrotado, y deseaba ansiosamente hundirse en aquella carne prieta.
    Esa flaquita estaba preciosa, no necesitaba desvestirla, solo encaramé su blusa por encima de su pecho, y aparecieron ese par de tetazas alargadas y llenas de aromosa loción femenina, y con la falda fue más fácil, solo la enrollé alrededor de su cintura, y ahí estaba expuesto el pequeño calzoncito, que tanto le había “gateado”.
    Corrí el delicado calzón para un lado, y apareció su vulva, lisa y bien afeitada, como lo esperaba.
    Chupé copiosamente su raja hasta hacerla estremecer de placer, Ella me había "abrazado" con sus piernas de tal manera, que mi boca estaba pegada como una sanguijuela a su rosada, limpia y fresca almeja.
    Y ahí tumbada de espaldas sobre esa cama, la penetré hundiéndole mi brillante ariete hasta la coronilla.
    Que ricura de flaca, que delicia su piel, y que preciosas sus jugosas tetas.
    La embestí estoicamente, y después de varios fuetazos, la flaquita se dejó venir en un lloroso y caliente polvo, empapando toda mi virilidad.
    La desempaté y le ofrecí mi lustrosa picha para que me la chupara, cosa que hizo cabalmente desde mis dos inflamadas bolas, hasta el hinchado prepucio.
    Esa flaquita era una ternerita, en el arte de chupar. Chupó, chupó, y chupó sin cesar, y Yo nada que me venía.
    Quería eyacular, pero nada. Entonces decidimos hacerlo más luego, con más calma, en un sitio más relajante.
    Y, regresamos de nuevo al parque.
    Mi compadre y la negra, nos miraban, y se reían, quizás se burlaban de mi lasciva ganas de follar.
    Era ya media noche, y en medio de nuestra tenue ebriedad, decidimos irnos de amanecida, a un motel que queda en la vía a Chigorodó, llamado "La finca de mi Tío", y arrancamos para allá.
    Tomamos una habitación por pareja, ordenamos bebidas, acondicionamos el ambiente con luz tenue y una música de fondo especial para la ocasión. Ese motel era un sitio agradable, de buen confort y de comodidad que incitaba al sexo.

    Nos metimos al jacuzzi, y empezamos la faena.
    Me deleité con la esbeltez de aquella flaquita, en donde por supuesto sobresalían sus enormes melones, como si de verdad, no pudiera con ellos.
    Esa flaca no necesitaba órdenes, ella misma se las daba, y como ternero huérfano se me pegó en una deliciosa mamada.
    Ella estaba caliente, y también quería que la pichara. Y eso hice. La bombeé, acompasadamente, hasta que de nuevo Ella explotó en otro orgasmo, tan intenso como el primero.
    Besaba y succionaba agarrando todo el racimo, es decir, mis huevos y mi picha, me pedía que me viniera en su boca, pero no pude.
    Entonces Ella en actitud muy desafiante y valiente, arrodillada en el borde de la cama, me dijo que la clavara por su ojete, y de verdad que no me hice rogar.
    Untándome un poco de saliva, la tomé de su cadera, agarrando sus flacos huesos, la sostuve firmemente, hasta que degustando uno a uno los anillos de su esfínter, la empalé por completo.
    Toda, toda por completo se la metí a esa flaquita, no sé en donde le cupo tanto.
    Ya para ese momento estábamos bastante agotados.
    Y ni con ese regalo, logré eyacular.
    Lo último que hizo fue tratar de masturbarme. Con mis propios fluidos, frotaba y chupaba, y de nuevo frotaba y chupaba, pero nada. Estaba bloqueado.

    Aun así haciendo todos esos esfuerzos e intentos fallidos de eyacular, no se me aflojó la erección.
    Entonces, ya derrotado, decidimos devolvernos para Apartadó.
    Dejé a Alvaro amaneciendo en aquel motel, junto con su negra.
    Y a las 4 de la madrugada, pedimos un taxi, y en el mismo taxi regresé con la flaquita.
    La llevé primero a su casa, y luego Yo regresé a la mía.
    Mi esposa estaba, bastante preocupada, y a la vez visiblemente disgustada, porque esa no había sido mi costumbre. La de llegar tarde sin avisar previamente de que me demoraba.
    No me increpó nada, en ese momento.
    No concilié el sueño fácilmente. A mi preocupante erección, ahora se sumaba, una bostezadera, acompañada de mucho desaliento.
    Y después de las 6 de la mañana me dormí.
    Me desperté al mediodía, en medio de una resaca de padre y señor mío, pero increíblemente, estaba empalmado y tenía la misma erección de la noche anterior.
    Me bañé copiosamente, y luego almorcé, y después me recosté de nuevo, y las ganas de follar, no se me quitaban.
    Mi esposa culpaba esa erección a un efecto colateral del whisky, en su comprensible y amorosa forma de ser, me pidió que la follara, cosa que agradecí con ternura. Eran las 4 de la tarde.
    Follamos como nunca. Follamos como solo nosotros sabíamos hacerlo. Follamos desaforadamente.
    Y Ella como siempre, después de haber alcanzado varios orgasmos en forma consecutiva, contrajo su vulva apretando su humanidad a mi inflamado pene, y me dijo que me viniera.
    Me vine en una erupción abundante y larga de semen, que como lava caliente, vomité dentro su lubricado chocho.
    Y descansé.

    Se fue la erección, y se me quitó la ansiedad.
    Había tenido un efecto llamado priapismo.
    El priapismo había sido causado por esa droga, que como potenciador sexual, había tomado.

    No sé si algún día volveré a experimentar de nuevo con aquel medicamento………
     
    #1
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  2. jorge arrieta

    jorge arrieta Bananero activo

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    jajaj erdaaaa..mi valee eso no se toma con alcohol por que te pasa eso...jejej buen relato..
     
    #2

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