UN CASO DE LUJURIA PRIMERA PARTE

Tema en 'Relatos Eróticos' iniciado por florecitauno, 17 de Julio de 2015.

  1. florecitauno

    florecitauno Bananero iniciado

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    UN CASO DE PRIAPISMO


    El presente relato me sucedió cuando vivía al lado de mi esposa María Elsy, y de mis Dos hijos pre-adolecentes.

    En ese momento era comerciante independiente, me destacaba como proveedor de insumos agropecuarios.
    Desde mi retiro de la empresa multinacional Standard Fruit Company, me había residenciado en Apartadó.
    Mi esposa sigue siendo adorable, y nuestro amor se fundamenta en la confianza, y en nuestra apasionada relación de pareja.
    María Elsy, a pesar de haber parido dos veces, mantenía su vientre plano, sin estrías, con su piel lozana, y con su cabello negro bien cuidado, con un nuevo corte por encima de sus hombros.
    Como mujer madura, su cadera estaba más ancha, pero conservaba una estilizada figura femenina.

    Sus tetas habían descolgado un poco, debido a que habían crecido, guardando proporción con el resto de su cuerpo armonioso.
    Seguíamos teniendo encuentros sexuales, igual de apasionados, como en un comienzo, pero con menos frecuencia.
    Me sorprendía que conservaba su capacidad multiorgásmica, y su chupadera en su vagina, que me ayudaba a controlar mi eyaculación.
    El ser humano es bastante incomprensible, siempre está en la búsqueda de nuevas experiencias, aun teniéndolo todo. No nos conformamos con nada. Y ese es mi caso.
    Alvaro era mi mejor amigo y a la vez, se había convertido en mi compadre. Era soltero, y muy estimado por mi familia.
    Alvaro vivía en Chigorodó, dentro de la misma zona de Urabá.
    Por nuestro parentesco, supe que ese miércoles estaba de cumpleaños, y que quería celebrarlo por todo lo alto, pero con mi acompañamiento.
    Me invitó, para que nos fuéramos para su casa-finca, muy cerca de Chigorodó, y para eso había invitado a un par de amigas, para que nos hicieran compañía.
    Alvaro era un caballista, pernicioso y mujeriego de esos que no tienen remedio.
    Antes de partir compramos algunas provisiones, entre bebidas, mecato, y un medicamento, que según El, era un potenciador sexual, llamado ANAFRANIL.
    Insistió para que lo tomara, recomendándome, que me iba sentir súper bien.
    Me dio a tomar media gragea, y la otra media, se la tomó El.
    Al instante que me la estaba tomando, sentí adormecimiento y algo de tumefacción en mi lengua.
    Partimos en su camioneta blazer cuatro puertas, Yo ocupando la parte trasera, al lado de mi nueva compañía.
    Era una espigada rubia, de ojos claros, de piel blanca, vestida y enfundada con una apretada lycra blanca, con blusa negra, que le hacía juego a su par de botas de cuero negro.
    Su piel estaba matizada de vellitos, muy claritos, casi imperceptibles, que le daban un aire de ternura angelical a sus 22 años.
    Durante el recorrido Yo había sentido un acaloramiento que no era normal, y tenía unas enormes ganas de follarme a esa nenita.
    Sentía el bulto que crecía entre mis piernas, y la lubricación lógica, causada por la enorme erección que tenía.
    Entrando en confianza, mandé mi mano a su entrepierna, sintiendo el gran bulto esponjoso de su vagina.
    Entre apasionados devaneos, entre acariciar sus tetas y su abollonado pan, pronto llegamos a la finca.
    Mi erección era notoria, y para no quedar en evidencia, tuve que desencajar mi camisa de mis pantalones.
    Llegamos a la finca y con el permiso de la otra pareja, halé a mi hembra para el segundo piso, en busca de la alcoba, para huéspedes.
    La hice arrodillar sobre la cama de roble, que con limpias sábanas engalanaba esa habitación.

    Le bajé la lycra hasta la mitad de sus piernas, y desde esa posición, descubrí su hermoso y redondo trasero, una minúscula y transparente tanga brasilera dejaba ver que entre sus piernas se descolgaba su gran chocho, cubierto de suavecitos y minúsculos vellitos. Parecía un yoyo que se desbordaba del minúsculo calzón.
    Abrí aquella almeja, y descubrí, el rosado de su intimidad, con su suave lustre de su humedad.
    Ansioso, chupé aquella flor, como el más sediento de los mortales.
    Degusté el salobre de sus jugosas partes, y sin aguantar más, sin quitarme mis pantalones, por un lado del calzoncillo, saqué mi venoso y erecto miembro, aún babeante, y lo hundí en ese tibio y abollonado chocho. Bombeé de seguido, como cuando un desesperado perro, coge a su hembra. En medio de gritos de placer le descargué una cremosa e infinita eyaculación.
    Caí sin aliento sobre las redondeces de sus nalgas, y después de un breve descanso, bajamos y nos unimos a la otra pareja, que también habían tenido tiempo para su refriegue.
    Almorzamos opíparamente los platos que nos sirvieron.
    Decidimos tomar una siesta, y de nuevo subimos a nuestra habitación asignada.
    Esta vez nos desvestimos completamente.

    Ella con sus tetas al aire, y en su diminuta tanga blanca, donde se le notaba su esponjoso morro, y Yo en calzoncillos boxers, de donde sobresalía nuevamente la protuberancia de mi erección, empecé a acariciar su suave piel blanca, mordisqueando la dulzura de sus pezones y con despaciosa succión, chupé nuevamente la ricura de su velloso chocho.
    Tumbado sobre mi espalda, Ella le daba largos y húmedos lengüetazos a mi lustroso pene.
    Rato después Ella a horcajadas, se empaló, tragando pulgada a pulgada toda mi barra, y con movimientos de su pelvis, como estrujando un trapo, aceleró la marcha, y en medio de gritos, me hizo saber que Ella gozaba de aquella cabalgada, regalándome un cálido y prolongado orgasmo.
    Esa ricura estaba derretida y con muchas ganas de placer, con muchas ganas de que la siguiera pichando. Seguí bombeando y bombeando e inexplicablemente no conseguí eyacular; insistí un rato más, pero nada que eyaculaba, pensé que de pronto más luego, después de descansar lograría mi objetivo, entonces me retiré algo contrariado.
    Bajamos de la alcoba y empezamos a beber whisky, esperamos a que se nos unieran mi amigo Alvaro y su pareja, que por supuesto, también habían tenido su encuentro sexual.
    Consensuadamente decidimos irnos para las playas de la Martina en Turbo.
    Llegamos antecito de las 4 de la tarde. Las playas estaban desoladas, escogimos un estadero al fondo de la misma playa.
    Tomé mi whisky con mesura, despaciosamente, y después de compartir un buen rato, acusé sueño, y le pedí a mi pareja que me acompañara.
    Lo que me inquietaba era unas ganas inmensas de echarme un polvo, y ya tenía la herramienta tan dura, que podía partir una panela.
    Esta vez fue mi pareja la que me consintió, chupando copiosamente la esponjosa cabeza de mi grueso y tallado pene.
    Desde la posición del misionero la penetré, nuevamente con la ansiosa sensación de eyacular.
    Al cabo de un rato, sudorosos y después de una larga lucha cuerpo a cuerpo, la monita había alcanzado un largo y húmedo orgasmo.
    A esa altura yo acusaba un tenue cansancio, pero también unas inmensas ganas de seguir follando y sobre todo de sentir expulsar un buen chorro caliente de semen.
    Pero no pude, nos cansamos primero, Yo estaba exhausto, y más bien decidí dejar la cosa quieta.
    Nos regresamos de nuevo para Apartadó. Llegamos en horas de la noche, y en taxi despachamos a nuestras musas, no sin antes darles una generosa propina.
     
    #1
  2. goodhidan

    goodhidan Bananero nuevo

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    Hola, quisiera saber cuánto fue esa generosa propina? Buen relato.
     
    #2
  3. osmodiar

    osmodiar Bananero reconocido

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    tienes madera, para hablar mierda
     
    #3
  4. carlo

    carlo Bananero contento

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    mierda de la buena
     
    #4

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