Qué pena con Usted vecino PARTE UNO

Tema en 'Relatos Eróticos' iniciado por florecitauno, 25 de Julio de 2015.

  1. florecitauno

    florecitauno Bananero iniciado

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    No hace mucho tiempo en plenitud de mi vida - estaba llegando a los 30 años - vivía en un romántico Municipio de la Costa Caribe. Trabajaba para una empresa comercial como Contador Público. La empresa comercializaba cantidades de artículos, tanto al por mayor, como al detal; la mayoría de artículos eran enseres para oficinas y electrodomésticos para el hogar, se importaban de Panamá, unos legales y otros no tanto, porque la mayoría por no decir todos, entraban de contrabando.

    El propietario de la empresa era un Señor Prada oriundo del Tolima, y quién la administraba era su hijo Elías, un joven menor que Yo, quien rápidamente se había convertido en mi amigo. Compartíamos cada vez que podíamos, y sobretodo nos confiábamos muchas cosas tanto personales como profesionales.

    Yo me había mudado para una casa en alquiler en el mismo barrio, en donde siempre había vivido. Era una casa con todas las comodidades de clase media, en una calle normal de un vecindario de empleados.

    Al frente vivía una familia y era la propietaria de dicha casa desde hace mucho tiempo.

    Muy pronto nos convertimos en buenos vecinos y todos nos integramos como amigos, tanto nuestras esposas e hijos como Don Javier y Yo.

    De mi nueva casa podía ver lo que pasaba en la casa del frente- La señora de la casa era una trigueña de piel rolliza, de ojos pequeños pero vivaces, de mediana estatura, con un cabello negro bien cuidado que terminaba de embellecer su hermosísima cara.

    Usaba solo labial.

    Poseía un redondo y firme trasero, que era inevitable mirar.

    A pesar haber tenido dos hijitos, tenía muy buena figura. Sus piernas eran cilíndricas y bien torneadas, dignas para soportar ese ejemplar culo.

    Siempre nuestras miradas coincidían, pero por respecto a la amistad con su marido, evitábamos mirarnos sostenidamente.

    Pasó el tiempo……. a Mariela que así se llamaba ésta petite de sin igual belleza le gustaba mi amigo Elías. Me lo hizo saber y me encareció que los relacionara- Lo hice- Los acerqué y Ellos hicieron empatía.

    Al cabo de un tiempo mi amigo me confió que salía con Mariela, y también que habían tenido varios encuentros sexuales, los cuales me describía con lujo de detalles, siempre exaltando la singular belleza de esa hembra y sobretodo presumiéndome del lascivo y voraz apetito sexual de la señora.

    Una mañana muy temprano estando solo en mi casa, Mariela tocó la puerta, y aduciendo cualquier cosa, entablamos una conversación sobre la relación de Ella con Elías.

    Me solicitó que le regalara un balde con agua, ya que en ese momento, carecía del vital líquido.

    Mientras llenaba el balde, Ella me conversaba maravillas de Elías, y me instaba para que le trasmitiera un afectuoso saludo de su parte.

    Le dije que no lo haría, de que ya no le llevaría más razones y que esos saludos me los iba a “tragar”.

    Esa mujer me inquietaba y Yo estaba seguro que le gustaba.

    Era coqueta, de una sonrisa hermosa y sincera, que cuando reía, también lo hacía con sus pequeños ojos, haciéndolos más chiquitos.

    Vestía una corta bata azul tela de toalla, usada para salida del baño a medio amarrar, que poco a poco se le iba abriendo, y me dejaba ver discretamente una transparente pijama de color beige de dos piezas - de blusita y short.

    Estábamos conversando y resultamos dándonos un apasionado beso, que hizo que mis sentidos se despertaran, y mi corazón empezara a latir a mil.

    Ella estaba esperando ese momento, porque no se resistió, antes por el contrario, estaba más dispuesta que Yo.

    Me dijo que cerrara la puerta, pero la convencí de no hacerlo, porque en el caso de cerrarla, se prestaba para sospechas de vecinos o de quien llegara.

    Dejamos la puerta abierta de par en par, de donde se podía ver también el frente de su casa.

    Para ese momento mi pantaloneta de estar en casa se había levantado como una carpa, en donde resaltaba la enorme erección que tenía en aquel momento. Mi verga palpitaba al igual que mi corazón.

    La llevé al último cuarto de la casa - al cuarto de ropas.

    Sin dejar de besar su boca, porque debo decir- que ésta mujer besaba delicioso proseguí con mi magreo, pasando mi mano por su entrepierna, acariciando y agarrando su redondo trasero y sus duras tetas.

    Sin quitar ni su bata ni su pijama, la alce en una mesa que se usaba para planchar, y sentándola sobre la misma, terminé de abrir su bata, apreciando claramente el rosado intenso de sus pezones que se trasparentaban, levanté su blusita de dormir descubriendo sus dos cremosas y lisas tetas, bien paradas como las de cualquier adolescente, succioné aquellas gemelas y baje dándole besos alternos, hasta llegar a su vientre plano, como el de una doncella- y debajo de su corto short transparente había una delicada tanga blanca de fino encaje.

    No me hice esperar, y apartando aquellas prendas, descubrí su lubricada y bien rasurada almeja, pequeña y rosadita, en donde hundí mi boca, sintiendo la turgencia de sus labios vaginales, que palpitaban a cada lametazo de mi lengua.

    Sumergido en aquella exquisitez aspiré el aroma de su lubricada vulva, empapando mi boca y mi nariz.

    Ella había separado bien sus piernas, y con una mano sostenía con firmeza mi cabeza contra su chocho y con la otra se agarraba del borde de la mesa.

    Movía con cadencia su vientre apretando su vulva a mi rostro, al mismo tiempo que jadeaba de placer.

    Y estando en medio de aquel preludio……………Toc ..toc.. toc, tocaron en la puerta, y como un resorte nos levantamos al mismo tiempo, tan asustados como si el pecado nos acusara.

    Era un colega que inoportunamente se presentó a llevarme unos balances. Le recibí la documentación y lo despedí aduciendo que me preparaba para una ducha- Por supuesto no vio con quien Yo estaba.

    Volví a donde había dejado a Mariela, pero ya Ella estaba tal cual como había llegado, con su bata bien amarradita y presta a llevarse el balde con agua, que hacía mucho rato se había llenado.

    Estaba Ella saliendo de mi casa, y precisamente en ese instante hizo aparición su esposo cabalgando su enorme motocicleta.

    Mariela cerró la puerta de mi casa tras Ella.

    Don Javier le hizo varias preguntas, y apeando de su moto, le recibió el balde y terminó de entrarlo a su casa.

    Yo quedé helado e inmediatamente me subió un dolor de cabeza. No sé si fue por el susto del inoportuno colega, o por la llegada del marido, … o por no haber podido concluir aquella faena. FIN PARTE UNO
     
    #1
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  2. jorge arrieta

    jorge arrieta Bananero activo

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    jajaj que buen ralto parcerooo..espro la segunda parte..jejejejej
     
    #2
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