Qué pena con Usted vecino PARTE DOS

Tema en 'Relatos Eróticos' iniciado por florecitauno, 27 de Julio de 2015.

  1. florecitauno

    florecitauno Bananero iniciado

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    No obstante después de semejante susto, me quedó una intranquilidad que más luego se convertiría en obsesión, y era poseer a como diera lugar aquella belleza de 22 añitos.

    Durante el resto del día estuve pendiente a ver si se asomaba a la puerta, pero no lo hizo. Esa noche me desvelé.

    Al día siguiente, lo mismo, nada de nada, y así pasaron dos días más, sin tener ningún contacto, ni siquiera visual con Mariela.

    Una mañana cuando salía para mi trabajo, me la encontré que estaba regresando del supermercado. De inmediato la abordé, Ella también estaba esperando esa oportunidad para hablar, me dijo apresuradamente que en nuestras casas era imposible reencontrarnos, que lo que habíamos empezado, lo debíamos de continuar, pero en otro sitio.

    Acordamos encontrarnos en horas de la tarde de ese mismo día en cualquier lugar que no levantara sospecha, y para eso decidimos encontrarnos directamente en un hotelucho en una calle olvidada de aquel poblado.

    Era tal mi ansiedad que una hora antes, la estaba esperando en un cuarto de un mugroso hotel de la plaza, no me importaba lo lúgubre de aquel lugar, ni sus paredes que revelaban que hacía mucho tiempo no le daban una mano de pintura, ni su cama a medio tender, ni el olor a coño que emanaba aquel lugar, nada de eso me importaba, solo quería tener entre mis brazos a Mariela.

    De solo pensar en lo que sería la faena, ya estaba empalmado y sentía un cosquilleo en mi estómago.

    Llegó como veinte minutos después de la hora acordada, ya la impaciencia me carcomía.

    Se disculpó por el retraso, pero que no era fácil para Ella deshacerse de los miembros de su casa.

    Lucía un vestido blanco de rayas azules horizontales, que colgaba desde sus delicados hombros y caía con holgura por debajo de sus rodillas, revelando cada una de sus delicadas curvas, delineándolas en una forma muy sexi, sobresalía su redondo pompis y las dos firmes tetas. Debajo solo tenía una diminuta tanga rosada de fino encaje.

    Yo sentado en la cama y Ella de pie entre mis piernas y sin más preámbulo le agarré con firmeza su redondo trasero, y acariciando sus piernas fui subiendo poco a poco aquel vestido desde sus rodillas hasta que se lo quité por encima de su cabeza.

    Quedó al descubierto su divina figura solo protegida por aquella tanga de color rosa.

    Le di besos en su vientre plano, en su ombligo, en sus cremosas tetas, pasando por el cuello, por sus mejillas y por su boca y absorbí el perfume que emanaba su cuidada cabellera de color negro que le caía sobre sus hombros. Acaricié palmo a palmo su piel rolliza, sus deliciosas tetas y su firme y redondo culo.

    Mi erección era notoria. Ella echó mano del cinturón, lo desabrochó al tiempo que metió la mano por la bragueta, agarró mi enorme herramienta y me miró con ternura y me preguntó mirándome a los ojos. “Usted me va a meter todo eso”?, le contesté sin vacilar… ¡ Todaaa!

    Aún sentado en el borde de la cama, me acosté sobre mi espalda y Ella Terminó de bajar mis pantalones, se arrodilló y tomando entre sus manos mi responsabilidad, la “picotió” repetitivamente a todo lo largo, pasando su lengua y sus labios, y con ansias la chupeteó engullendo lo que podía en su tibia y húmeda boca.

    Ya en ese momento mi lustroso y venoso miembro palpitaba y estaba al máximo de dilatación.

    Con sutiliza le hice que se levantara y se arrodillara en la cama, y desde la óptica trasera contemplé extasiado su cabellera, su espalda y su trasero solo cubierto con su minúscula tanga de color rosado.

    Acaricié con mis manos aquella redondez, y corriendo para un lado la diminuta prenda, acerqué mi boca a su rosada almeja donde succioné su almíbar. Ella agarrada a las sábanas de esa cama, jadeaba y jadeaba pegando su chocho a mi cara y a mi boca. Hubiera podido quedarme horas y horas en aquella posición, pero Mariela en medio de gritos, me hizo saber que había llegado al orgasmo.

    Sentí en mi boca la turgencia y palpitar de su vulva.

    Me acosté de espaldas y la halé para que se montara; ese momento tenía mi virilidad a tope, y Ella sin vacilar se deshizo de su tanga y se sentó a horcajadas sobre mi falo engullendo pulgada a pulgada la totalidad. Sentí como su húmeda y caliente vulva envolvía como un guante mi erección.

    La bombeé con sincronismo, primero suavemente degustándola y al rato con fuerza y desespero, Ella jadeaba y gritaba nuevamente encendiendo más mi pasión y al unísono explotamos, Yo eyaculándole un chorro interminable de leche, y Ella el espasmo de un segundo orgasmo.

    Se desmadejó sobre la cama, y haciendo cucharita, nos abrazamos desnudos por un rato.

    Hablamos al oído lo que no habíamos podido decir en otras oportunidades.

    Y quedamos de encontrarnos nuevamente. FIN PARTE DOS
     
    #1
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