la masajista

Tema en 'Relatos Eróticos' iniciado por s4d1r, 17 de Abril de 2013.

  1. s4d1r

    s4d1r Bananero nuevo

    Registrado:
    12 de Abril de 2013
    Mensajes:
    11
    Me Gusta recibidos:
    0
    Carla trabajaba en un spa como masajista, atendiendo tanto a hombre como mujeres, aunque prefería a estas últimas, porque las charlas eran más interesantes y entretenidas, y porque era lesbiana. Había aprendido que un buen masaje en los glúteos puedo excitar a cualquier mujer, aunque nunca faltaron las que se retiraban asqueadas de que una joven lesbiana pusiera sus manos en sus cuerpos desnudos. Dependiendo de si le atraían o no, Carla les pedía que se quitaran el toallón, y una cosa llevaba a la otra y las sesiones de masajes terminaban en sesiones de sexo. Sus jefes nunca supieron de esto, o sí sabían pero se callaban porque Carla era muy buena empleada y todas las personas que pasaban por sus manos se retiraban con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro, y casi todas las mujeres lo hacían sonrojadas. Jóvenes, maduras, a Carla le gustaban más que nada por el físico, siempre único en cada mujer. Figuras de pera, de sirena, rectas, curvilíneas, todas valían la pena ser exploradas por sus manos, y algo más.
    Una tarde, a Carla le tocó atender a una joven estudiante de medicina llamaba Paula, de cabello largo rubio alisado, ojos miel y la piel blanquísima. Como era de esperar, en seguida se sintió atraída. Antes de iniciar la sesión de masajes, como era su costumbre, le preguntó cómo estaba, y Paula se desahogó contándole de las ias y vueltas con su novio, que cada dos por tres la engañaba con otra argumentando que se emborrachaba con sus amigos y no se daba cuenta ni recordaba lo que hacía. Ramano solo la escuchó asintiendo con la cabeza y viéndola de pies a cabeza, tratando de distinguir su verdadera figura entre las telas de la blusa y los jeans que traía puestos. Se retiró de la habitación a buscar las cremas y aceites para masajes y de paso dejar que Paula se desnudara y se pusiera el toallón. Antes de volver a entrar, llamó a la puerta.
    -¡Ya estoy lista!-, oyó del otro lado de la puerta.
    Paula ya estaba recostada boca abajo en la camilla con los brazos pegados al cuerpo y las piernas cerradas, cubierta por el toallón. Carla acercó la mesita con rueditas donde apoyaba las cremas y aceites.
    -¿Qué prefieres? ¿Aceite o crema?
    -Crema.
    -Si te quitas el toallón me será mas facil aplicartela.
    -Okay.
    Paula se quitó el toallón sin chistar, Carla lo dejó sobre una silla, se volvió hacia Paula, y se quedó en seco. Tenía el culo más pálido que hubiese visto jamás, redondo, parado y con las nalgas cerradas. Paula apoyó su cabeza de lado sobre la almohadilla de la camilla, y Carla empezó por darle masajes en sus hombros y espalda, percibiendo varios nudos de estrés.
    -Sí, mi novio me tiene hasta aquí-, dijo Paula poniendo su mano recta en el aire por encima de su cabeza.
    -¿Y por qué no terminas la relación?
    -He pensado en eso, y lo haré cuando encuentre a alguien más, así le veo la cara de imbécil cuando le presente a mi nuevo novio.
    -Eso quisiera verlo.
    -Sí, hasta creo que le tomaré una fotografía, para seguir riéndome por un buen tiempo.
    -¿Qué, tiene cara de idiota?
    -Y no sabes cuánto tiempo me tomó darme cuenta de ello.
    -El amor es ciego.
    -Sí, eso es muy cierto.
    Paula y Carla siguieron la conversación, sin que interviniera en sus labores masajistas. Paula le resultó simpática, era de ese tipo de mujeres que te hacen preguntar cómo puede ser que haya hombres que sacan provecho de ellas y no las valoran como deberían. Por fin llegó a su parte preferida; saltó de la espalda baja a los glúteos.
    -Bien. Voy a necesitar que abras un poco las piernas.
    -De acuerdo.
    Paula las separó apenas unos cinco o más centímetros.
    -¿Así esta bien?
    -Perfecto-, esclamó Carla al percibir sus labios vaginales, rosados y depilados.
    Comenzó a masajear los glúeos, muslos, y hasta las pantorrillas, percibiendo cómo se relajaban sus músculos, y Paula echaba respingos de goce, con los ojos cerrados.
    -¿Tu novio te a hacho masajes alguna vez?
    -¿Bromeas? Si me hiciera masajes no tendría todos esos nudos.
    -Okay, relajate, linda. Si te pones tensa tendré que empezar de nuevo y no terminaré más.
    -De acuerdo. Haz lo tuyo.
    Carla se sintió excitada al oír esa última frase. "Has lo tuyo...Voy a hacer lo mío, linda, claro que sí", pensó mordiéndose el labio inferior, volviéndo a masajear los glúteos. Los masajeó presionándolos, dirigiendo sus dedos inconsientemente hacia esos labios rosados que asomaban entre sus nalgas.
    -Mmmmmhhhh...
    Paula gimió, y Carla se sintió segura.
    -Supongo que...nunca te han masajeado el culo.
    -Ni en mis sueños.
    -Pero si tienes un culo hermoso.
    -Gracias. Me lo elogian mucho.
    -¡Y cómo no hacerlo!
    Dicho esto, Carla masajeó sus nalgas, y un largo y bello gemido emergió de entre los labios de Paula, que permanecía con los ojos cerrados, y una sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro.
    -Ahí...
    -¿Qué cosa, linda?
    -Masajéame ahí...en mi culo.
    Paula gemía, la estrategia de Carla estaba dando resultado, nuevamente.
    -¿Así?-, dijo Carla presionando sus nalgas, separándolas apenitas.
    -Sí...Continúa.
    Carla siguió con la sesión, masajeando el culo de Paula, separando más y más sus nalgas, diciéndola cada tanto "Afloja, linda, afoja" y Paula aflojaba y le permitía seguir sin oponer resistencia. Carla no siempre tuvo clientas como Paula, a veces se asustan y se tensan mucho, hasta que ella las tranquiliza con sus masajes y diciéndoles cosas zarpaditas al oído para excitarlas y hacerlas caer en su trampa. Con Paula era distinto, de seguro era una chica de mente muy abierta, para nada conservadora. ¡Qué suerta la suya!
    -Mmmmmmhhhhh...¡Ah, sí!...Así...-, gemía Paula, sacudiéndose.
    -¿Te gusta así?
    Carla masajeó los labios vaginales con el pulgar de cada lado, con movimientos circulares y suaves.
    -Sí....Uuuuummmmhhhh....
    Paula gemía apretando los labios, de seguro temindo que alguien la oyera e irrumpiera en la habitación y les arruinara el climax. Sus gemidos eran música para los oídos de Carla, que se entusiasmaba al oírla y se calentaba, literalmente. Se quitó el uniforme del spa quedando en ropa interior, y proseguió con sus masajes eróticos, aumentando la presión. Enseguida, los jugos comenzaron a fluir, empapando las yemas de sus dedos, y Carla se llevó una a la boca y succionó de él, saboreando el sabor de los jugos de Paula.
    .-Aaaaaahhhh...-, suspiró Paula abriendo la boca por fin.
    Carla le dio una suave nalgada, apretándole el culo.
    -Date vuelta, linda.
    No tuvo que insistirle. Paula se volteó en un abrir y cerrar de ojos, esponiendo sus senos mediamos, pálidos y de pezones rosados a la mirada voraz de Carla, que extendió sus manos para acariciarlos y frotar los pezones con sus pulgares, haciendola gemir y respirar agitadamente. Sus manos descendieron por su abdomen, deteniéndose en la caderas, para empujarla un poco más al borde de la camilla. Paula abrió sus piernas tanto como pudo, mostrándole su sexo rosado y húmedo.
    -¡Oh, qué belleza!-,esclamó Carla acariciandole los labios vaginales.- ¡Qué rosadito lo tienes, mujer! Y estás...mojadita...
    El clítoris de Paula estaba hinchado y asomaba de su capuchón. Carla lo estimuló con su pulgar, su dedo más hábil. Paula gemía con los ojos abiertos, observando la escena entre sorprendida y excitada, tratando de ahogar sus gemidos con la boca medio abierta.
    -¿Tu novio nunca te ha chupado el coño?
    Paula negó con la cabeza.
    -¡Ay, mujer! No tienes idea de lo que te has perdido.
    -Muestrame-, dijo Paula esforzándose por contener gemidos más fuertes.
    Carla puso su cabeza entre sus piernas y se dispuso a lamer su sexo, tan rosado, tan húmedo, chupando ese clítoris tan hinchado de placer y sintiendo los jugos que Paula derrochaban en su boca y mentón, saboreándolos. Paula se mordía los labios tratando de no gritar tan fuerte, presionando la cabeza de Carla contra su sexo, respirando tan agitada que parecía que le venía un ataque cardíaco más que un orgasmo. Carla podía percibir cómo se tensaban y aflojaban los músculos de su vagina, prolongando el orgasmo de Paula deteniéndose para tratar el clítoris con sus dedos y luego volver a chuparlo como si mamara de él. Por fin la cascada de jugos aterrizó de lleno en su boca, y Paula pareció derretirse por ese increíble orgasmo. Carla se limpió la cara, se acercó a Paula por un lado de la camilla y la cogió del mentón para darle un beso largo e intenso, haciéndola probar el sabor de sus propios jugos. Paula la atría hacia ella apoyando una mano en su nuca y acariciendo sus mejillas, cuello, hombros y espalda.
    -Jamás he estado con otra mujer-, suspiró al apartarse de los labios de Carla.
    -Siempre hay una primera vez para todo, preciosa-, le dijo ella acariciando su mejilla.
    La ayudó a sentarse mirando hacia ella, se quitó el sostén, y sus senos saltaron con los pezones erectos y morados, libres al fin. Cogió sus manos y las llevó hacia sus senos, apoyándolos en ellos.
    -Acaricialos...sin miedo, linda.
    Paula, un poco tímda y algo torpe, se los acarició acostumbrando sus manos a la forma y tamaño de sus pechos, más grandes que los de ella. Los miraba con deseo y excitación, suspirando tanto como Carla, que la observaba sin cerrar sus párpados.
    -Lo haces muy bien...-, le dijo acariciando su cabello, peinándolo tras su oreja.
    -Tienes unos senos muy...-, Paula se los apretujó en sincronización sin terminar la frase.
    -¿Grandes?
    -Sí. Y hermosos.
    -Los tuyos también lo son-, gimió Carla deslizando sus manos hacia los senos de Paula, acariciándolos.
    Paula elevó su cabeza y le besó el mentón y los labios, descendió por su cuello dándole besitos, acariciándolo, besó el hueso de la clavícula y la piel de sus senos, sin dejar de acariciarlos, admirándolos con los ojos brillosos.
    -Anda...lámelos, presiosa. Son para tí,- y Carla empujó su cabeza presionando sus labios contra uno de sus senos.
    Acto seguido, Paula chupó sus pezones, succionándolos, lamiéndolos, tratando a cada uno del mismo modo, sin quitarles las manos de encima. Sus manos acariciaron la espalda de Carla descendiendo a su culo, cubierto por sus bragas, y se lo acarició. Era tan delicada y tierna, que a Carla le agradaba después de tantas experiencias de sexo lésbico con desconocidas principiantes que solían ser más bruscas y violentas, haciendo que la "sesión" durara lo que un gallo cantando. Con Paula tenían tiempo de sobra, era su única clienta ese día, y podían hacer (y hacerle) lo que quisieran cuanto quisieran. Nadie las molestaría.
    Paula no terminaba más de lamer y chupar sus senos, estaba muy entretenida. Carla tuvo que apartarla empujándola por los hombros. Le dijo que se recostara, que ya regresaba, y en menos de un minuto regresó, ya sin brgas, pero con una sorpresa entre las piernas. Paula abrió grande los ojos al ver un consolador fucsia oscuro grande, largo y grueso con arnés colgando de su pelvis, que se sacudía a su paso.
    -¡¿Y eso?!
    -Una no muy pequeña sorpresita. Siempre debo estar lista para mujeres como tú, por si estrañas una buena polla.
    Paula tenía los ojos clavados en ese consolador, adivinando lo que Carla quería hacer a continuación.
    -Bueno...Yo...Sí...De vez en cuando, se estraña una buena polla...-, dijo titubeando.
    -Apuesto a que tu futuro ex no la tiene tan grande-, dijo Carla sosteniendo el consolador con una mano
    -¡No!
    Paula soltó una carcajada que contagió a amona y las dos no pararon de reír.
    -Tu novio es un completo imbécil.
    -¡Es un idiota!
    Ambas se reían burlándose del futuro ex de Paula. Carla se acercaba más a ella entre cada carcajada, y el consolador comenzó a rozar el sexo de Paula, lo cual ella percibió y de a poco paró de reír, para mirar a Carla a los ojos, las dos irradiando picardía en sus miradas, insinuantes. Carla no tuvo que decirla nada, Paula se recostoó con las piernas flexionadas y abiertas, con su culo al borde de la camilla. Carla cogió el consolador y, lento y despacio, lo introdujo entero en su vagina, haciendo que Paula soltara un largo y agudo gemido que fue descendiendo de desciveles.
    -Follame...
    El ruego de Paula fue inrrechazable. Carla la folló tiernamente, apoyando sus manos sus rodillas, logrando penetrarla más intenso por la lubricación de su vagina, que apretaba y soltaba el consolador con una fuerza pasmosa. Paula gemía sin cesar, se tocaba los senos, frotaba sus pezones, se sacudía al ritmo de la penetración, y Romina estimulaba su clítoris con su pulgar derecho, y la camilla permancía firme e inmóvil.
    -Oooohhhh sí...Aaahhh...¡Dios mío!...Mi novio no se compara con esto.
    -NADA se compara con un consolador, querida...-, dijo Carla, haciendo reía a Paula, y riéndose ella también, sin dejar de follarla.
    -Ni siquiera...mi novio...me folla...así...como tú...-, gemía Paula entre cada penetración.
    -Porque no te valora, linda...-, Carla estiró su mano y manoseó su seno izquierdo.-Sí, en definitiva...Es un idiota....
    -Amén...
    Carla continuó un largo rato follando a Paula, que de gemir pasó a jadear, y a tener un segundo orgasmo, siempre finalizando con un gemido largo que se acallaba por un suspiro final. Carla paró de follarla, pero no retiró el consolador, Paula lo tenía aprisionado por sus fuertes músculos vaginales. Se incorporó, abrazó a Carla y la besó muy pasional. Se apartó de sus labios y se mordió el inferior con los dientes. Carla apoyó sus manos en su culo y la empujó un poquito, haciendo que el consolador la penetrara más profundo, y que gimiera de nuevo.
    -¿En qué estás piensando?
    -¡Uff! Tantas cosas estoy pensando...
    -¿En dejar a tu novio?
    -¡OBVIO!-, dijo alargando la O.
    -Todavía tenemos tiempo, no tengo a nadie más.
    -¿Y...? ¿Qué hacemos?
    -Tú dime. Eres mi clienta, debo satisfacerte, ¿no?
    -Cierto...¿Te puedo confiesar una cosa?
    -Lo que sea, linda. Dime.
    Paula acercó sus labios al oído de Carla.
    -Mi novio nunca me ha practicado sexo anal. Jamás lo dejé. Me han dicho que duele al principio pero...No sé, me da morbo.
    Paula se sonrojó y bajó la cabeza. Carla la cogió del mentón y la elevó para hablarle directo a los ojos.
    -Descuida, yo te ayudo con eso. Ponte de cuatro.
    Carla retiró el consolador de dentro la vagina de Paula. Hasta entonces había seguido allí dentro, prisionero. Paula ahogó un gemido presionando los labios, se comenzó a reír de los nervios y, con cuidado de no caerse, se puso de cuatro de espaldas a Carla...y el consolador. Carla le acarició el culo, le besó las nalgas y se lo golpeó para que no se tensara tanto.
    -Tienes un culo hermoso.
    -Ya me lo has dicho.
    -No me cansaré de ellos.
    Carla separó las nalgas masajaándolas con sus manos, hasta lograr visualizar el ano. Se lo lamió con la nariz en medio del culo de Paula, que gemía con la boca abierta y los ojos cerrados, arqueando la espalda.
    -Oooohhh...Se siente...rico...
    -Mjmm...
    Carla terminó de lamerle el ano, ya estaba dilatado, podía proceder. Cogió el consolador y lo acomodó entre las nalgas de Paula, que se asustaron y se cerraron. Le dio un par de nalgadas para ue aflojaran, y apenas lo hicieron, con delicadeza, penetró el ano de Paula con el consolador, y la folló lento y tierno, ya que era principiante en esto del sexo anal.
    -Ah sí...Sí, así...
    -¿Te gusta?
    -¡Oh, sí!
    Las nalgas de Paula se apretaban inconscientemente, haciendo que el dolor fuera placentero, y los jugos del ano le permitieron a Carla follarla más profundo. Paula arqueó su espalda, sacudía su culo al ritmo de la penetración, gemía, jadea, chorreaba jugos del interior de su vagina, y Carla acariciaba su espalda y su culo, subiendo y bajando, gimindo ella también. Paula tuvo su tercer orgasmo, Romina retiró el consolador, y Paula se dio vuelta para recostarse boca arriba, tratando de recuperar el aliento.
    -Santo Dios...Esto ha sido...increíble.
    -Y aún no termina-, Romina se quitó el consolador con arnés y lo tiró bajo la camilla.- Aún no has probado mi coño.
    -¡Tienes razón!
    Paula río y Carla se subió a la mesa de rodillas, avanzando sobre el vientre de Paula. Ella la admiraba estirando sus brazos para acariciar la línea de su figura.
    -¿Dónde quieres mi coño?
    -En mi rostro-, respondió Paula sin pensarlo dos veces.
    Carla se acomodó con las piernas a cada lado bajo sus axilas y su sexo en las narices de Paula, quien lo olfateó y suspiró su tibio aliento en él, excitándola.
    -Mmmhhh...Huele delicioso.
    -Y sabe mejor, te lo aseguro...
    Carla despejó el rostro de Paula de sus cabellos, y ella lamió sus labios vaginales con entusiasmo, chupó un clítoris por primera vez, y Carla presionaba su sexo contra su rostro para sentirla mejor, gimiendo, moviéndose, acariciando su cabello dorado.
    -Oooooohhhh, Paula, linda...¡Qué bien me chupas el coño!
    -Mmmhhh...Está rico....-, gimió sin dejar de lamer y chupar, cada vez con más entusiasmo.
    -Oooohhhhh....Aaaaahhhh...Eres increíble, mujer....
    Carla cabalgaba la lengua mortal de Paula, sus labios chupaban su clítoris cada vez con más fuerzas, y sus jugos se venían, no como cascada, más bien como un tsunami orgásmico.
    -¡Aaaay!...¡Me corrro, Paula! ¡Me corro!
    En efecto, se corrió toda empapando el rostro de Paula con sus jugos, y ella saboreándolos y tragándolos. A Carla ya sde le había pasdo el orgasmo, y Paula seguía prácticándole sexo oral.
    -Ya, linda, ya...Es suficiente.
    De apoco, Pula se almó, Carla se retiró de encima de ella, se puso de pie y fue a buscar su ropa interior y se vistió mientras Paula todavía no se bajaba de la camill.
    -Me la pasé muy bien.
    -Me alegro por tí-, dijo Paula abotonando su blusa del uniforme del spa.
    -¿Quieres que...repitamos esto?
    -No, linda. No te sientas mal, pero yo no me comprometo con mis clientas. Es política del spa.
    -Está bien. Puedo con eso.
    -Anda, vístete.
    Paula se vistió lentamente, Carla le abrió la puerta y caminó a paso de condenada hacia ella. Se detuvo ante Carla, la miró a los ojos y la besó en los labios, sin lengua, se despidió con un adiós melancólico y se fue a paso veloz, atrevasando el largo pasillo del spa en menos de 10 segundos. Carla sonrió. Después de esto, pensó, "seguro Paula va a dejar al idiota de su novio esa misma noche y no dudara en conseguir un clavo para sacar otro clavo. O tal vez? sea una "clava."
     
    #1

Compartir esta página